
La perfección constructiva es una ilusión inalcanzable. No existe; por lo tanto inevitablemente en su búsqueda por conseguirla, se genera frustración.
La frustración es real y concreta. Aparece cuando las exigencias son sobrevaluadas. Se busca algo imposible de conseguir y mantener a través del tiempo. En todo existen defectos, en todo existen las imperfecciones; hay que aprender a convivir con ellas.
Personalmente; amo la perfección, la prolijidad y el orden. No hay nada más agradable que observar una casa limpia, ordenada y con todos sus detalles perfectamente calculados; pero,
¿Es real esta imagen en la vida cotidiana? Mantener esa sensación constante de perfección es justamente sólo eso: una sensación momentánea. La vida desborda de alteraciones, desorden, suciedad, imperfecciones constantes y es traumático desear eliminarlas porque sólo se logra fracasar.
La mejor solución ante éste contexto es seleccionar condiciones que sean bellas y funcionales para las personas que van a vivir ese espacio. Por eso cada diseño es personalizado, tiene una belleza y una funcionalidad únicas.
En contra de la corriente perfeccionista se asoma la contra-corriente; aquella que admite cierto desorden dentro del orden, que admite cierta falta de elegancia, mezcla de estilos y reúne objetos, texturas, colores que parecieran ser totalmente incompatibles para algunos. Si bien hay ciertas reglas que hay que tener en cuenta cuando se construye o diseña, también es conveniente romper con algunos parámetros que se basan en la perfección. Ésta alternativa o contra-corriente es la más humana, la más real, la que se debe usar para darle vida a un espacio y espacio a la vida y que no se produzca lo contrario.
Tener siempre presente que el ser humano es imperfecto por lo tanto sus construcciones también lo serán. Si se deja de lado la utopía de creer en la perfección se podrá disfrutar de la imperfección que tiene la vida.
Eva F. Villalba
La frustración es real y concreta. Aparece cuando las exigencias son sobrevaluadas. Se busca algo imposible de conseguir y mantener a través del tiempo. En todo existen defectos, en todo existen las imperfecciones; hay que aprender a convivir con ellas.
Personalmente; amo la perfección, la prolijidad y el orden. No hay nada más agradable que observar una casa limpia, ordenada y con todos sus detalles perfectamente calculados; pero,
¿Es real esta imagen en la vida cotidiana? Mantener esa sensación constante de perfección es justamente sólo eso: una sensación momentánea. La vida desborda de alteraciones, desorden, suciedad, imperfecciones constantes y es traumático desear eliminarlas porque sólo se logra fracasar.
La mejor solución ante éste contexto es seleccionar condiciones que sean bellas y funcionales para las personas que van a vivir ese espacio. Por eso cada diseño es personalizado, tiene una belleza y una funcionalidad únicas.
En contra de la corriente perfeccionista se asoma la contra-corriente; aquella que admite cierto desorden dentro del orden, que admite cierta falta de elegancia, mezcla de estilos y reúne objetos, texturas, colores que parecieran ser totalmente incompatibles para algunos. Si bien hay ciertas reglas que hay que tener en cuenta cuando se construye o diseña, también es conveniente romper con algunos parámetros que se basan en la perfección. Ésta alternativa o contra-corriente es la más humana, la más real, la que se debe usar para darle vida a un espacio y espacio a la vida y que no se produzca lo contrario.
Tener siempre presente que el ser humano es imperfecto por lo tanto sus construcciones también lo serán. Si se deja de lado la utopía de creer en la perfección se podrá disfrutar de la imperfección que tiene la vida.
Eva F. Villalba

